El eclipsar de nuestros ojos,
frente a las orillas del desierto atenuado de tus labios,
junto al oasis de tu frente cálida más tus sonrojadas mejillas,
fueron capaz de enfriar mi estrellado rostro,
graduando cada paso por tus labios,
sin perder el control del avión y,
recorrer en alfombra...Lo que un día será mi pequeño Simbad.
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