Yo se que no seremos sólo ceniza del olvido.
Me sumergo entre tus caricias estremecedoras.
Ni tus vistas son necesarias ya para poderme hacer feliz.
Soy adicto a la historia del tu y yo de la de amigos y algo más.
Me morí entre tus ojos revestidos y tormentosos,
entre cansados entrecejos boscosos.
Escuche perpetuamente el latido de tus sonrisas,
y me quede pensativo ante nuestra locura inmunda.
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