Palabras abundan nuestras mentes.
Calladas bocas abren nuestros sentidos.
Gustosas manos nos perciben encarecidas.
Fruncidos ceños nos ilumina la vista.
Nariz chata que nos sonrie la vida.
Perlas cantosas añadidas a este cuento.
Un corazón, vacío, necesitado y mugriento.
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